martes, 20 de mayo de 2008

Las propiedades del cristal

AMOR CONVENCIONAL

No voy a cambiar el cielo por tu falda,

ni pienso acomodarme en el cojín

caliente y mullido de tus pechos.

Tampoco tus palabras servirán

para enterrarme en el consuelo

de un amor tibio y convencional.

Quiero sembrar mi fatiga en tu cuerpo,

pisarte los labios y no dejar de andar

hasta que el tiempo se nos someta.

Llegar a ti sólo ha sido empezar camino;

tu ombligo no es mi hogar sino el lugar

donde se esconde el sol que persigo.

Sergio Rodríguez

martes, 13 de mayo de 2008

El ¿imprescindible? descenso a los infiernos

Últimamente, de manera fantasmagórica a la vez que sensual, merodea por mi mundo la idea del descenso a los infiernos.

Dicho descenso implica múltiples acepciones, conjuros, mitificaciones orgiásticas y un eterno etcétera en el que sólo hay cabida para la duda.

Son múltiples los artistas que han descendido a la morada de Lucifer y luego han despegado como la espuma hasta el estrellato o la fama. Parece que venden su alma. Je.

Pero los que a mí me interesan son aquellos que han bajado a lo más profundo de las entrañas de la tierra, donde se han regodeado con el lodo, y por una u otra causa han perecido en el camino llegando, muchas veces, a suicidarse.

¿Cuáles son los motivos para que Ian Curtis se ahorcara? ¿Cuál era su infierno? Y más allá de eso, ¿el suicidio siempre tiene que ir ligado a ese descenso infernal o dicho viaje místico tiene que ir ligado al suicidio?

Es cierto que muchas veces ese descenso implica un refuerzo en la obra del artista o en su vida personal. Y si no, que se lo digan a Chuck Palahniuk (el cual tuvo que trabajar, entre otros trabajos, como mecánico de camiones teniendo en su [requerido por esta sociedad hasta la saciedad] curriculum vitae una licenciatura en periodismo), Mica P. Hinson (con una adolescencia y pasado propia del mayor yonki delincuente del barrio) o Johnny Ramone (delincuente en potencia en su juventud).

En el cine también han reflejado dichos descensos, viajes místicos en los que el protagonista ha vislumbrado el camino a la gloria. Nacido el 4 de julio refleja ese viaje y la rápida subida al mismo trono de la gloria. Es curioso, ya que en el cine, nos muestran ese descenso y el súbito ascenso de la manera más evidente y simple que podamos llegar a pensar, pero en otras ocasiones, como en El almuerzo desnudo, La escalera de Jacob o Johnny cogió su fusil, los infiernos son eternos, aunque no una condición relevante e imprescindible para el suicidio. Al menos en el argumento, claro...

También la literatura está plagada de casos en los que el escritor o la escritora han creado verdaderas obras de arte, novelas que se consideran joyas de la literatura, que no han sido reconocidas y dichos autores se han visto envueltos en los más oscuros paraderos de la mente humana. Toole (duele saber que has escrito una obra inmejorable y que la rechacen constantemente allí donde la presentes), Burroughs (la generación Beat merece un artículo aparte), Bukowski (infierno del que nunca salió) o el recientemente decubierto gracias a un amigo, Tristan Egolf.

En la música también el abanico es múltiple; (¿quizá, tenga que ver, el coqueteo continuo e infinito con las drogas siempre ligadas a la música?) Jim Morrison, Kurt Cobain, Jimmy Hendrix, Janis Joplin y los menos conocidos pero igual de buenos o mejores, Mark Sandman (no se suicidó de forma voluntaria, pero su personal e íntimo infierno fue atroz, donde las drogas recetadas fueron el pan suyo de cada día), Nick Drake (del cual, mi colega Kasker, publicó un artículo hace poco) o Jeff Buckley.

Muchos de estos viajes están rodeados de misterios, teorías, documentales y demás parafernalia. A mí, lo que realmente me interesa, es el dilema de los proscritos al propio infierno, esas personas (en concreto los artistas, ya sean escritores, músicos, actores, etc.) que renacen cual ave fénix y surge su obra como si de la nada apareciera. Y, cómo no, también esos otros artistas que se sumergen en las brasas de la soledad y la amargura para escapar de esa espiral con pólvora, fármacos o cuerdas atadas en forma de soga.

Queridos lectores, una vez más, este solitario con pipa y copa de coñac os abre una ventana. Una de miles. Pasen y descubran, por sí solos, el resto de la casa.

lunes, 5 de mayo de 2008

La vuelta a la tortilla. O al mundo.

Hace unos años (y décadas), era bastante normal encontrar directores de cine que surgían después de una extensa carrera tanto en publicidad como en videoclips de cantantes o grupos de música, los cuales, compaginaron con sus proyectos cinematográficos, dejando a un lado, casi obsoleto, al cortometraje.

Ejemplos claros y famosos son los de Spike Jonze (director de videoclips musicales que posteriormente realizó la más que interesante película "Cómo ser John Malkovich") o Michel Gondry (gran realizador de spots publicitarios, videoclips y en los últimos años de películas como "Olvídate de mí" o la más reciente "Rebobine, por favor").

Otros realizadores, como Chris Cunningham, (reconocidísimo director de spots) se quedan "atrapados" en ese pequeño mundo con infinidad de proyectos fallidos, por una u otra causa, para el cine.

A día de hoy, existen directores de cine consagrados que continúan con sus esporádicos (pero contundentes) coqueteos con la publicidad. Tal es el caso de David Lynch para Gucci o Guy Ritchie para Nike.

El mundo del cortometraje es más austero. Menos reconocido. Menos famoso, cuando en una teoría casi de libro, debería ser una antesala para entrar por la puerta grande. Pero, en ocasiones, aparecen cortos más mágicos, extraños, entrañables o freaks que el propio mundo del cine, videoclips o publicidad. ¿Un ejemplo? ¿Cansados de tanta saga con Batman ("The dark kngiht" se estrenará este mismo año)? Pues matemos a Mister Wayne pinchando aquí (la escena de la capa en el suelo es maravillosa). ¿Otro ejemplo? Vale... Pero ahora uno de animación: "Sr. Trapo".

La vida es rara. Uno se hincha a realizar cortometrajes y puede que no vea nunca un plató de cine para una gran producción. No es que realizando videoclips o spots publicitarios sea más fácil, pero parece ser que, por suerte o por desgracia, tiene más caché.

¿Cuestión de pasta? ¿Contactos? ¿Proyección internacional? ¿Quizá, cuando uno se ha consagrado, ya no puede realizar más cortos pero sí spots o videoclips? ¿Cuál es la diferencia? ¿Cuestión de pasta? ¿Contactos?.............. No sé, al fin y al cabo, todos cuentan una historia.

¿No?

miércoles, 30 de abril de 2008

Henry David Thoreau

Una de las cosas que más me sorprendieron de la vida de este escritor, filósofo y naturalista, fue que renunció a pagar impuestos a su país, USA, porque dichos impuestos financiaban la guerra contra México. A raíz de este percance, escribió su obra La desobediencia civil, pero no sé hasta qué punto la desobedeció, ya que le condenaron a unos días de prisión por su negación a pagar impuestos (algo parecido, pero salvando las distancias, a lo que le ha pasado al tito Wesley Snipes), aunque supongo que lo "permitió y/o aceptó" por su condición de ciudadano y el rol que ello exige, todo ese rollo del deber ser y la sociedad y tal y pascual.

Thoreau merece la atención de mi artículo y su total protagonismo no sólo por ese dato biográfico que tanto me asombra y divierte (en el sentido más didáctico posible), sino también por una de sus obras más poéticas y brillantes, vinculada a la naturaleza, campo en el que fue un erudito y un verdadero apasionado.

La obra se llama Colores de Otoño, y como bien diría un amigo mío, este libro se podría resumir en una única frase; "un cuadro impresionista plasmado en letras".

Es un libro mágico, un libro en el que el autor nos narra y nos muestra un otoño (estadounidense) al que apenas somos conscientes, un otoño extraño y melancólico, un otoño inaudito...

Y es que... Seamos sinceros, sensatos y elocuentes... Los estadounidenses tendrán un país muy joven con apenas una historia moderna (de algo más de quinientos años) a sus espaldas, pero supieron adoptar su personalidad y su carisma en los paisajes, tan ricos y tan diversos a lo largo y ancho de todo el continente americano, ese maravilloso entorno que les rodea y al que ligan dicha historia moderna y su personalidad.

Futuros nombres (de unas futuras hijas)

Hace tiempo (muchísimo tiempo; meses, años, siglos, evos... Quién sabe) escuché la canción To Sheila (Smashing pumpkins) y pensé que si tuviera una hija le pondría ese nombre para que cuando creciera, le pudiera poner "su" canción y pudiera contarle el por qué de su nombre... Me pareció una idea bonita y original.

A raíz de este maravilloso suceso, pensé... ¿Y si tuviera más hijas/hijos? A ellos también tendría que ponerles unos nombres con "historia", nombres de canciones.

Es, justo aquí, cuando comencé una lista de posibles nombres para mis hijas. Decidí hacerla sólo de nombres para chicas porque no encontré muchas canciones con nombres de chicos. Seguramente a éstos, les pondré nombres de personajes de películas (Je. A veces me doy miedo). Al terminar dicha lista, llegué a pensar, muy seriamente, tener un total de veinticinco hijas. Con dos cojones.

Sin orden de prioridad ni alfabético (¿para qué? Si voy a utilizar todos los nombres sea como sea. xD):

Irene (prefiero la versión que hace Kelly Joe Phelps, mil veces más bonita, pero no la encuentro en youtube)
Sheila
Carolina
Ana
Sheena
Alicia
Lola
Ángela
Beth

La lista en su día fue más grande, sí, lo sé.. Lo estábais pensando.. VEINTICINCO... Pero no veo yo eso de tener 25 hijas... Nueve está bien. Juas.

viernes, 25 de abril de 2008

Tindersticks

Un artículo para los melancólicos. Para los solitarios de alma, de actitud. Para todos ellos, que toman copa de coñac mientras fuman una buena pipa a los pies de una reconfortante chimenea. Aquí os dejo este peculiar grupo británico (con una currada y divertidísima web), y lo hago, entre otras cosas, por la peculiar y sensual voz de su cantante, Stuart Ashton Staples, comparado con los más clásicos crooners y el verdadero corazón de la banda. Y para que disfrutéis de buena música mientras charláis con las virutas de vuestro particular e íntimo fuego.

Este grupo, surgido en el año 1991, recorre distintos tipos de música consiguiendo una sutil mezcla entre jazz, big band, pop y sobre todo retazos indies, llegando a coquetear, en sus últimos trabajos, con el soul y el folk. Aunque lo que de verdad destaca en el grupo, y lo digo una vez más, es esa voz medio desgarrada, medio oculta de Staples, son también sus melodías las que no tienen desperdicio alguno, y ejemplo de ello son sus temas Until The Morning Comes, City Sickness, The Flicker Of A Little Girl, My Autumns don't come o del que pongo el vídeo aquí, Dying Slowly:



Suenan bien, rollito tranqui y melancólico (en general) y este año tocan en el Primavera Sound (presentando su último trabajo realizado en un estudio improvisado al sur de París), por si a alguien le interesa....

martes, 22 de abril de 2008

Corazón de cristal

Pues... Resulta que... Ayer, al publicar el artículo de la trilogía qatsi, recordé una escena en la primera entrega, Koyaanisqatsi, una de las que más me impactaron; un mar inmenso de nubes, cotejos de nubes filmados a cámara rápida, y recordé que ya alguien hizo eso antes... El gran Werner Herzog en su obra más personal y extraña, Corazón de cristal.

La película nos sitúa en algún momento del siglo XVIII, en algún pueblo bávaro perdido entre las montañas, que se sustenta gracias al comercio del cristal de rubí trabajado. Cuando muere el responsable de la fábrica de cristal, se lleva a la tumba el secreto de cómo trabajar dicho material, llevando al pueblo a un estado de shock colectivo, con un temor a un cambio no deseado, vinculado también, con el peligro que la modernización social ejerce sobre el trabajo rural o artesanal. El sucesor de la fábrica tampoco conoce el secreto, por lo que decide preguntar a Hias, un pastor que a la vez es un profeta visionario que vive a las afueras del pueblo, si puede descubrir o profetizar el secreto para trabajar el cristal de rubí. En cambio, lo que predice el pastor Hias es un futuro apocalíptico, que no es más que el comienzo de la era industrial.

El director de esta obra tan romántica y misteriosa, realizó anteriormente películas tan importantes como Aguirre, la cólera de dios o El enigma de Gaspar Hauser. Corazón de cristal fue un paréntesis en su dilatada filmografía como director, fue un antes y un después, un anticipo de su peculiar estilo y visión del cine. Bien es cierto que esta película forma parte de su primera etapa como realizador, pero quizá sea la obra más emblemática, experimental y personal de su trayectoria, aun formando parte de su ya nombrada primera etapa. Después de Corazón de cristal dirigió una película por muchos conocidos como una película maldita, ya que se ceunta que Ian Curtis, cantante y líder de Joy Division, se suicidó la noche que vio Stroszek. El argumento trata de un músico alemán que decide irse a USA persiguiendo el sueño americano y dándose de bruces con todas sus ilusiones al llegar allí. Curiosamente, Curtis debía comenzar su primera gira por USA al día siguiente de ver esta obra de Herzog, pero su inexplicable suicidio la truncó.

Después de Stroszek, película directamente posterior a Corazón de cristal y la más social de toda su trayectoria como director, debo remarcar sus dos grandes obras y las que, de alguna manera, le dieron prestigio y popularidad. Éstas fueron Fritzcarraldo (ganadora del premio a mejor director en el festival de Cannes) y Grizzly Man (premiada en el festival de cine independiente Sundance). Su último trabajo ha sido Rescue Dawn, una película de acción ambientada en la guerra de Vietnam y protagonizada por el gran actor Christian Bale.

Uno de los más importantes rasgos a destacar de Herzog, es su uso de imágenes puestas como un documental dentro del propio film (utilizando dicho recurso en gran parte de sus trabajos) y su imponente mundo que nos muestra a partir de una simbología personalísima y en ocasiones transgresora, como es el caso de Stroszek.

Aquí os dejo un vídeo de Corazón de cristal donde podemos apreciar la escena de la que hablo.



Me gustaría añadir, como curiosidad, el hecho de que todos los actores trabajaron en la película bajo un estado de semi-hipnosis excepto el protagonista. Ah! Y que la banda sonora corre a cuenta de Popol Vuh, grupo fetiche en la filmografía de Herzog.